El arte de vivir el presente

El arte de vivir el presente

Si pudieramos entender que la vida es ahora y se nos pasa planeando un futuro que no existe.

No podría describir como inicio esta historia, solo sé que fue tan rápido que cuando abrí los ojos la vida me estaba dando una lección que quedaría marcada para siempre.

Te has puesto a pensar, ¿ qué pasaría si tu vida de un día para otro da un giro de 180°?, donde tengas que renunciar a tu vida laboral o académica, debas dejar tu casa, tus amigos, tu pareja, y tu vida en general; eso no es todo, que ahora debas iniciar un proceso médico que va a ocupar de ti el día entero con una incertidumbre total. 

Una vez graduada de la universidad, cómo todo profesional, me sentía orgullosa de tener un buen cargo, ser económicamente independiente y de tener una vida muy estable. 

 

Pero, un día sin esperarlo desperté en un hospital con una noticia que creía que era interminablemente triste, pues habían descubierto un tumor maligno en mi sistema reproductivo femenino. Pasando unos meses, con un poco más de conocimiento sobre el tema, acepte mi realidad, permití que mi vida estaba cambiando, me traslade de ciudad, y estuve dispuesta a tomar tratamiento médico.

El dolor físico por esos 6 meses solo de pensarlo me estremece, después de quimioterapias simplemente tu cuerpo batalla contra el dolor, te duele desde la corona de tu cabeza hasta la punta de los pies. Mi oncólogo supo describir los síntomas de una quimioterapia justamente como los sentí, él me dijo: «vas a sentir como si te diera la peor gripa que te envía a la cama, a la vez un guayabo como si hubieras estado en fiesta las noches anteriores y finalmente como si estuvieras a punto de tener un bebé«. Bueno, creo que eso no es lo más difícil de todo, desde mi opinión sentí que lo realmente difícil es controlar tu mente y llevarla a tu favor. 

 

Una vez acepte mi enfermedad, me propuse a ver esta enfermedad como una oportunidad de vida. Empecé a imaginar que estaba enfrentando a un enemigo silencioso. Le hablaba porque sé que él me escuchaba. Cada líquido que pasaba en mis venas era sanación total. Siempre le decía a mi tumor que solo alguno de los dos se llevaría la batalla y que seguramente era yo. 

Durante todo el proceso, sentía que cualquier cosa, situación o persona que llegaba a mi vida era totalmente una bendición de Dios, momentos como bañarme, sentir el rayito de luz en las mañanas, comer por si sola, despertar en casa, estar rodear de gente tan maravillosa, sentir la suave brisa del viento sobre mi cabeza calva y mi rostro, poder caminar descansa sobre el pasto, estirar las manos, vivir el presente, trabajar por tus sueños, sentir sencillamente la vida en mis manos hacían que me sintiera más vida que nunca.

Es por esto, que pudiera describir el cáncer como una enseñanza, porque aprendí que el dolor significa también sanidad, que los grandes cambios hacen que tu vida se acomode, que el cáncer no significa el fin, y que te hace descubrir la capacidad del asombro por los pequeños detalles de la vida conectando el aquí y el ahora. 

 

Y así es como cualquier situación que suceda hoy repercute en un futuro. Por el momento, disfruto trabajar en mi emprendimiento, estar con mi familia y jugar con mi mílu (mi mascota). 

 

Con amor, Andrea Amarillo (Persona). 

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