La colección Floresmila nace de un recuerdo suave y eterno: la memoria delicada de una abuela que, con flores, creaba pequeños tesoros. De sus manos nacían aretes improvisados, infusiones y agüitas para cuidar el rostro, gestos simples que florecían en amor.
Hoy, su nombre —Floresmila— se convierte en símbolo de todo lo que brota, transforma y perdura. Cada flor de esta colección revive ese instante de ternura y lo convierte en joya: un homenaje a lo que permanece para siempre.
Cada pieza está hecha completamente a mano, lo que la hace única y excepcional. Son elaboradas en bronce con baño en oro de 24K y tejidas en fique, trabajado por artesanos.